viernes, 19 de diciembre de 2014

BPT hace oficial su primer efeméride: "el día del careta"

Ya ha pasado un tiempo desde que René Pérez decidió cometer uno de los tantos crímenes contra la inteligencia de la gente al destruir una Ferrari a batazo limpio con el solo fin de mandar un mensaje (cual mafioso). Ese mensaje era: "NO al consumismo". Fue en ese momento que entendí que mientras que a Dios le llevó siete días crear el mundo, a Calle 13, le serían necesarios menos de siete discos para destruirlo. Puede que este epitafio sea demasiado fuerte para una banda más del tsunami de conjuntos musicales con crítica social e insurrección que azotan a la cordura de la humanidad con reclamos pelotudos, inútiles o tan genéricos, que terminan haciendo de esta potencial avalancha de cambio, un mero chorro de agua helada en los testículos de la sublevación.
¿Cuál es la diferencia entre esta banda y Víctor Jara, los Sex Pistols o Kurt Cobain? Es fácil:
Las ganas de demostrar que están "del lado bueno" (el de la gente) y el intento desesperante de parecer rebeldes. Hoy en día, este planeta ha evolucionado hacia un estilo casi exclusivamente marketinero de demostrar las cosas. No existe más "romper el molde", sino "la receta para romper el molde", de la misma manera que desnudarse antes era un acto supremo de sublevación y actualmente es la manera más común que tiene la gente sin talento de conseguir trabajo. Estamos en presencia del descarado subproducto capitalista más grande de todos los tiempos: "el método all-inclusive", donde una actividad practicada solo por almas aventureras pasa a ser una mera recreación en un ambiente completamente controlado, dándole a la gente que lo practica la idea (muy equivocada) de que son osados. Este es el caso de los safaris en África, donde te ponen apretado con otros veinte turistas yankees o europeos, en una camioneta blindada que parece de juguete, mientras se libra una batalla de codazos para sacarle fotos a los animales y plantas, tratando de experimentar la "mística" de la vida de las antiguas tribus salvajes africanas. Te vas cagado de calor, cagado a palos, picado por mosquitos que parecen aviones de la Luftwaffe alemana, con dos mil fotos movidas de una lagartija que pisó la camioneta, mil de un león que pasó a quinientos metros de la caravana, y el bolsillo agujereado...pero te sentís un aventurero.
Si a todo esto le agregamos un público en busca de un ícono de liderazgo y revolución, que se corresponde con las señales demagogo-fashionistas impuestas por las discográficas y demás empresas multinacionales que los representan, como cantar sin remera, hablar en contra de todo lo que ya sabemos que está mal, decir que sos rebelde de antemano y hacer puestas en escena millonarias y bien hollywoodenses, tenemos la receta para darle vida a los groupies de estas bandas comerciales. Los nuevos líderes de insurgencia más promocionados son los que no tienen ningún tipo de contenido, solo se mantienen a base del helio mediático, que tiene el poder de hacer que un globo levante la misma altitud que un avión comercial.
Esto también se relaciona a la nueva generación de adolescentes que reciben flujos de información masticados, como si fuera crías de palomas que necesitan del alimento regurgitado de estas falsas deidades para formar sus opiniones o ideologías. El nuevo Nietzsche o Hesse son personas que escuchan Miley Cirus, se sacan fotos para que alguien los ayude a sentirse bien poniéndoles "me gusta" y se sientan atrás de una computadora a resumir cualquier filosofía de vida en 140 caracteres, que no alcanzan ni para explicar la más simple de las teorías de la física. Esta suerte de endurecimiento del concepto de la Navaja de Ockham traída por Twitter (en igualdad de condiciones, la explicación más simple es la que tiene un máximo de 140 caracteres) sobre los hechos cotidianos de la vida puede ser desmentida (irónicamente en menos de 140 caracteres) por Einstein: "simple, pero no más simple".
Obviamente que estos personajes insubordinados e insurgentes de la música llegaron a la cima de su fama de la mano de lo más cercano a Satanás que debe existir en la Tierra: Sony. Esta es la señal más grande que genera sospecha. Cuando se pregona tanto y se lucha por tantas causas (las que están bien vistas por la sociedad, obvio) a través de canciones y mensajes me suele generar suspicacia. Esta es la versión discográfica de las multinacionales como Nike, que mientras le pagan dos mangos a su mano de obra, le alcanza con una colecta o maratón contra el colon irritable o las aftas en la boca para estar a un par de votos del Nobel de la Paz.
Sin alejarnos más del tema que nos compete, celebramos este día del careta de la misma forma en que René y la troupe de adolescentes descerebrados que lo siguen festejan, mediante este video (cuidado que el video chorrea tanta grasa que va a ser difícil hacerle click, te pido paciencia), la ideología del no-consumismo, como si fueran monjes tibetanos, sin tablets, ropa de moda o productos de marca. Aquí les doy una pizca del simposio memorable de los fanas de René Pérez (que son también ultras de Bieber, Miley Cirus y One Direction que suelen dar los recitales más ostentosos y caros) tratando con toda la fuerza de sus neuronas de armar oraciones que tengan sentido.


http://www.mundotkm.com/hot-news-239147-rene-perez-destruye-su-auto-para-un-video

Difícil de creer que se haga tanto esfuerzo y se gaste tanta plata en un video que intenta representar lo contrario de lo que es. Sería como ver a Batman matando transeúntes al grito de "esto es lo que pasa si el Guasón sigue libre". Probablemente le esté dando demasiado marco ideológico a lo que se podría definir como hipocresía. La ostentación, el consumismo excesivo (que son cosas difícilemente cuantificables) y el lujo desmedido son productos que representan dentro del código moral de la humanidad algo reprobable, pero son parte inherente de la recompensa del éxito dentro del paradigma capitalista, que a su vez, representa en cierta medida la naturaleza competitiva del hombre. ¿Que joraca quiero decir con esto? El éxito de un artista de este estilo se mide por la fama, la extravagancia y el estilo de vida ostentoso. La llegada de tanto flujo de fama, repercusión y dinero le nubla la mente a estas personas haciéndoles creer que la admiración de la gente los transforma en una especie de deidades. Desde ese momento, con una moral por sobre la del resto de las personas dan lecciones sobre la problemática social, conscientizan (o sea, no solucionan) y se largan a hablar de todo, como entendidos, pero nunca terminan de rechazar la vida que tienen. La gente que lo admira percibe ese mensaje y lo acepta sin chistar, pero eso no significa que al analizar en un microscopio esta actitud, se observe que está infectado del virus de la pelotudez.

¡Hasta las balas siempre!