lunes, 15 de diciembre de 2014

El "efecto copa del mundo"

Desde la asunción de Bergoglio se generó nuevamente el paradigma del "efecto copa del mundo" o también denominado "efecto olimpíadas". Este es el efecto mediante el cual, el argentino promedio busca alegrías, sentido del orgullo y pertenencia a través de hechos poco representativos, ajenos a él muchas veces y en casos extremos, de dudosa magnitud. Todo termina siendo una excusa para agrandar el sentimiento de argentinidad o para estar en la moda "de lo nacional".
Se acuerdan en el mundial de Brasil cuando tu novia, que sabe tanto de fútbol como de física cuántica, se te sumaba para ver los partidos de Argentina y hacía comentarios como: "ahí está Demichelis! Ese es el que sale con Evangelina Anderson" o "el esposo de Wanda Nara juega para Argentina?", cosas que te hacían pensar realmente que al equipo argentino lo armaban entre Ventura y Rial. Cuando hombres que no podrían deletrear la palabra hockey, debatían hasta de la táctica del equipo, siempre refiriéndose como "las leonas", porque no es lo mismo decir "conozco a Guillermo Coppola" que "conozco al Guillote, man". Personas que si te engancharan viendo un partido de hockey en cualquier momento dentro del intervalo de cuatro años entre olimpíadas te encomendarían el mote de "puto". Durante esa competencia, aparentemente, el hockey pasa a ser un deporte y no solo un montón de mujeres con remeras apretadas y minifaldas corriendo y rozándose entre si. Como la gente que está tan cerca del deporte, como Florencia Peña del Oscar, y hablan toda la semana de la "legión argentina" porque decir "tenistas argentinos" da a entender que sabés poco (para demostrar su sabiduría dicen palabras de moda, como "match", en vez de "partido", o "Rolanga", en vez de "Roland Garros"). Es la misma gente que después pone un restaurante en Palermo y, en vez de ensalada de fruta, te vende "mix de sabores de la huerta" o "delicias silvestres del bosque". Pasa mucho con los argentinos que viven en países en conflicto, entonces salen doscientos documentales sobre un tipo que vive en Irak, pasan un día con un flaco que básicamente va y vuelve de la oficina, tiene una familia normal como todo el resto del mundo; filman la casa, tiene una televisión, un sofá, unos muebles, como la mayoría de los argentinos. Te cuenta de la manera más aburrida posible la vida de un tipo normal, en un país que se cae a pedazos. La rematan yendo a comer escarabajo (o algún tipo de bicho) y regateándole el precio de una manta a un viejo que tiene miedo de hablar muy fuerte y perder las últimas calorías que le quedan, o que una de las mil moscas que le vuelan alrededor, se lo choque y le quiebre las costillas.  La frutilla del postre es cuando le cambian cualquier producto caro por una camiseta de argentina que compraron en once, entonces algún boludo se pone orgulloso porque hay un argentino en Irak. "Estamos en todos lados" comentan...si, como el sida.
Es ese efecto que hace sentir a los argentinos, más argentinos (como si esto fuera posible). ¿Viste cuando una vieja se la pasa contando que su hija es super especial, que no presta atención en clase porque no la desafían intelectualmente, que es rebelde como Einstein y vos sabes que va a terminar estudiando marketing o diseño de moda en la UADE, pagándose los estudios laburando en un call center o atendiendo un stand de Movistar con una calza que le abre los cantos como si un chorro le hubiera barreteado el orto para afanarle el stereo? Bueno...son así, pero con la "argentinidad".
Esto mismo pasó con la asención de Bergoglio como Papa.

Antes que nada, un poco de historia:
En los dos milenios de historia de la institución católica hubo 266 papas, hasta el momento la pobreza sigue creciendo, la religión pierde poder y no han generado cambios de gran índole en la raza humana.  Se rigen por un libro escrito hace miles de años, tan actualizado sobre el mundo como una peña de folklore haciendo una fiesta reggae, modificado a gusto y piacere por la Iglesia  (siendo que es la palabra directa de Dios), lo que hace pensar que el código civil argentino o la línea Sarmiento, son dogmas más rígidos que la religión...y Papa significa: Petri Apostoli Potestatem Accipiens.

Volvemos...

Se identificaron varios tipos de argentinos que festejaron:

El religioso:
Por un lado, los argentinistas católicos que creen que Jesús es el albañil paraguayo que les arregló el baño o los reyes magos son un grupo de cumbia villera, pero son personas de fe porque es "de persona bien" o fashion. La misma gente que es católica y "no va a la iglesia, pero reza", que es como ir a una fiesta swinger porque "me dijeron que tocaba La Vela Puerca" o porque "me invitó un amigo". Con la diferencia que en el primer caso son hipócritas, mientras que en el segundo le estás explicando a tu novia porque te etiquetaron en una foto vestido de Blanca Nieves, bailando "La macarena" con Guido Suller, Bobby Goma (antes de que se pongo serio y haga Nivel X) y el juez Oyarbide.
También se encontraban las personas conservadoras, que son católicas por costumbre o herencia, donde la religión pasa a ser un rótulo de alta sociedad o de imagen, como las publicidades de Quilmes donde el más boludo, al ritmo de alguna música disco de los ochenta, se lleva las mejores minas porque toma cerveza y tiene una actitud terrible, pero después llegás al boliche, encarás la mina más fea del lugar, moviéndote con gracia (en realidad parecés un pelotudo), cantándole el tema que están pasando (sabés el coro nomás, para el resto parecés Giordano con una embolia cerebral, balbuceando como si tuvieras miedo de que se te caiga la dentadura y gritando las palabras que mas o menos lográs entender) y tirando alguna de esas frases pegadizas de comercial (tan pegadiza como chicle en la suela de tu zapato) y te dice "estoy bailando con mis amigas". Siguen a rajatabla los preceptos, van a misa y se rigen por una vida "como Dios manda". Son los mismos que se juntan a tomar el té con masitas en sus departamentos de Palermo Chico a ver quien es el más religioso, pero si le piden una moneda en la calle se hacen los boludos, siguen caminando y murmuran "estos negros de mierda siempre rompen las bolas para que les des una moneda". Como buenos católicos que son, siempre ponen la otra mejilla pero para mirar hacia otro lado, mientras le tiran el Mercedes encima a los limpiavidrios o malabaristas. Son las únicas personas que mezclan dentro del mismo tema su pasión por Dios y las ganas que tienen de matar a todos los pobres porque no pueden salir tranquilos a pasear en el BMW polarizado.
Los de pura cepa, que se los podía ver por facebook escribiendo cosas como: "dos  hermosos ángeles bajaron del cielo de la mano del niñito Jesús para esparcir la bendición de Dios sobre el mundo, apiádate de nosotros señor y tráenos el milagro del amor. Habemus Papa". Encontramos combinadas todas las palabras que le encanta decir a esta gente: niño o niñito Jesús (nunca señor Jesús ponele, o Jesús a secas, tiene que parecer más tierno que una foto de un perro durmiendo con un gatito con un fondo de lluvia de corazones y arco iris, con alguna frase pedorra del amor hecha por una púber de 15 añitos con poca idea de la vida, pero con un revuelo hormonal liderado por el estrógeno y las hormonas de la pelotudez adolescente, peor que un enema de algodón de azúcar) junto a las palabras ángeles, bendición, piedad, amor y milagro. En fin, un ataque de diarrea católico-filosófica por todas las redes sociales, que ni las pastillas de carbono podrían parar.
En un grado más extremista estuvieron los grouppies religiosos, que anduvieron desfilando con sus pines, camisetas o banderitas de Francisco I, gritando y llorando como las fans de Ricky Martin, cantando el "Ave María" o "cordero de Dios", en vez del "boom boom" o "fuego de noche, nieve de día". Todos se despertaron a las 5 am, como los mundialistas en Japón-Corea, para ver el triunfo argentino, en tierras europeas.
Indistintamente, todos inflaron el pecho es su condición de argentinos católicos, de que estuvieron siempre presentes, aunque sea una mentira, porque al final de cuentas no importa ser, sino parecer.

El analista:
También están los que enseguida relacionaban el impacto de su elección con la repercusión en el mundo. Son tipos que analizan todo y no se cansan de hacer pronósticos. Sacan conclusiones de los que se les ponga adelante. Muchos se cansaron de decir que esto tiene un gran efecto político para América, para Argentina, que el PBI va a aumentar, que Argentina en 10 años va a estar mejor que USA gracias a él, que se va a terminar la pobreza, que Dios se va a acordar que hay tierra debajo del hemisferio norte y mil cosas más. Un estudio exhaustivo y un poco prolongado sobre el Papa que va a ser recordado seguramente por instaurar el chinchón como deporte nacional del estado del Vaticano...y nada más (veremos más adelante que pasa). Personas como Binner, dejaron de lado el tráfico de drogas para debatir sobre el efecto de la asunción de Francisco I. Macri, después de preguntarle a su asesor de imagen y marketing que tenía que decir, también analizó el tema. D'elia, con su nivel intelectual de  hombre prodigio, nos despistó varias veces con opiniones opuestas y contradictorias a las que nos tiene acostumbrados, criticando al Papa y la iglesia, pero elogiando a Cristina por visitarlo (comiéndose un poco los mocos, pero acá se les dice "matizar").

El hincha:
La gente de San Lorenzo, de la manera más triste que hay, festejó el único triunfo internacional que tiene. No se si hay alguna manera mejor de explicarlo. Tenés algún amigo que trabaja de las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche y festeja que nunca viaja en horario pico, pero labura doce horas y gana
menos que...bueno...San Lorenzo? Hordas de gente que no tenía absolutamente nada que hacer, ni festejar, se comulgaron para celebrar que alguien importante es de San Lorenzo, dejando de lado por un segundo su principal religión (el vino Termidor). Este es el mismo nivel de pelotudez y tristeza que la cumbia del Papa.

El cholulo:
Es el tipo que sabe el vestido que usó Susana Giménez para los Martín Fierro y como se llaman los perros de Nicole Neumann. Es el que sabe porque echaron a las mellizas Xipolitakis de una obra en Carlos Paz, donde el buen gusto cayó más fuerte que las acciones de Facebook, o el que vaticinaba que Fort era puto. Teje teorías conspirativas sobre el robo del conchero a Claudia Fernández o porque la China Suárez se enganchó con Cabré. Para él, estos hechos son de una magnitud similar a la de la crisis de los misiles en Cuba o el atentado a la AMIA. Les da un nivel de debate tan grande como el del matrimonio gay, el aborto o el efecto invernadero. Son los que aplican la "teoría de los juegos" y la física moderna a las estrategias de juego en Gran Hermano, morfándose los interminables debates entre actores venidos a menos y periodistas de espectáculos que tienen la misma autoridad para hacer un análisis que la Dra. Rímolo (probablemente hayan comprado el título en el mismo lugar).
En este caso, se metieron de lleno en el tema básicamente de chusmas, pero chusmas con orgullo, con el mismo nivel de detalle y calidad que una foto sacada con una polaroid, agrandada en el paint, impresa en una Epson a cinta.

¡Hasta las balas siempre!