lunes, 15 de diciembre de 2014

La desgracia ajena

Reírse de la desgracia ajena es una práctica más antigua que la prostitución, la guerra o el "hablar sin saber". No se encuentra posterizada en ninguno de los anales de la historia, para mi sorpresa, pero es más común que los huracanes en Estados Unidos, los terremotos en Japón o los tweets de Chechu Bonelli comentando sobre la odisea de comprar toallitas femeninas en el supermercado (hace click para ver que tengo razón).
Se encuentra a un nivel subconsciente tan grande que la gente desconoce su existencia y en los casos más graves, la niega como tal. Tal es el caso, que reconoceríamos la existencia de los ovnis antes que admitir lo gracioso que es cuando alguien se tropieza en la calle y sale eyectado, en un vano intento por desafiar las leyes de la gravedad (es un pájaro, es un avión...no...es otro boludo que adorna el pavimento con la cara). Es ahí cuando la maldita empatía nos prohíbe reírnos y pensamos "Ay pobrecito casi se mata, si me pasa a mi me muero...QUE VERGÜENZA", tapando esa sonrisa que se nos dibuja en el rostro. Yo pregunto, no sería mejor reconocer la realidad de lo que ocurre a nivel subconsciente? "Tuve un día de mierda en el laburo, viajé tan apretado en el subte que en vez de bajarme me parió, encima es pleno enero y tengo los huevos tan calientes del calor que si me das una milanesa con papas te las saco a caballo...pero vos te caíste, te hiciste mierda y en este momento me hacés sentir mejor".
Probablemente esto se dio desde los tiempos más remotos. Desde la Serpiente riéndose cuando echaban a Adán y Eva, hasta cuando Diós se mofaba de Adán cuando puso un Cyber frente al paraíso con conexión de 56k y en el Edén ya tenían banda ancha (hipótesis creacionista).
Aún así, es inentendible porque la gente no acepta el hecho de que la desgracia ajena es uno de los motores sociales mas imprescindibles a la hora de sentirse mejor. O porque creen que Batman tenía a Robin, o Florencia Peña a Marley? (o era al revés?). Me pasa mucho con los superhéroes: si un tipo que se pone los calzones arriba de las medivachas puede salvar el mundo, cuál es la probabilidad de que me vaya mal en la vida sabiendo fehacientemente en que orden van las prendas de ropa? Los mas escepticos dirán: "Si querido, entiendo tu preocupación, pero los superhéroes no son reales". En este punto, es en el que se revela la verdadera función de esta práctica: no importa si es real o ficcional, el solo objetivo es el de sentirse bien y aún cuando sea efímero, es, y eso es lo que importa. Cuando se rompe con el juicio de ser el ridiculizado, se entiende que es un momento gracioso, sin prejuicio de la persona que lo sufre.
Todo este preámbulo, con algún sabor a "sin sentido", es para reflejar la experiencia que viví hace un tiempo. Volvía del supermercado chino después de ser abusado sexualmente por los precios que cobra la comunidad oriental (sin siquiera un "gracias", "chau" o "vuelva pronto"), que con la creciente corriente de pedofilia inflacionaria que existe, solamente falta que pongan a Michael Jackson de cajero. Más alla de esto, me dirigía hacia mi casa cuando diviso a una persona parada en la vereda, vestida completamente de negro (jean y remera negra), la ropa ajada, pelo descuidado, muy sucio y cargando dos bolsas de residuos pesadas en la espalda. Esta persona (indigente), se encontraba mofándose de algo. Cuando logré acercarme observé que se reía de una discusión que mantenía una pareja. El hombre estaba echando a la mujer al grito de "no vuelvas más loooca!!", mientras que el hombre pobre, se reía y arengaba la pelea.
Para el ojo clínico, esto no es solo una persona aburrida mirando un espectáculo en la calle, como si estuviera en Plaza Francia. Es una persona riéndose de la desgracia ajena. Y no es cualquier persona...este tipo está vestido de negro, en pleno verano, no porque sea testigo de Jehová, dark o el Batman argentino, sino porque no tiene con que vestirse. El hombre es el ejemplo viviente del efecto invernadero, vive en su propio sauna. Pero este es el detalle menor. Probablemente la persona esta no haya comido en días (y no porque no le entre la bikini o porque haya comido mucho en las fiestas) y no tenga donde dormir (no porque descrea de la propiedad privada y lo haga en señal de protesta). Aún así, aprovecha la oportunidad para tomar esa situación como un momento para sentirse mejor, teniendo la vida de mierda que tiene.
Entiendo la doble moral de la situación, pero lo que implica esto en realidad es básico (parafraseando a Irving Berlin): "La vida es un diez por ciento como la hacemos y un noventa por ciento como la tomamos". Tenemos que aprender a reírnos de nosotros y reírnos de los demás. El que se ríe de todo, no se mofa, trae un mensaje de optimismo, no transforma la vida en un pesar, sabe que es corta y sigue adelante.
Y para el gran final, intentando cometer falacia de autoridad (básicamente "créanme porque alguien importante también piensa igual") voy a citar una frase de Václav Havel: "Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo.  No ocurre lo mismo con quien es siempre capaz de reírse de si mismo".

¡Hasta las balas siempre!