martes, 26 de mayo de 2015

Perfil BPT #56812: "Al que le quepa el sayo, que se lo ponga"

Cuando ves esa frase lo primero que uno pregunta es: "¿Qué carajo es un sayo?". La respuesta suele ser la misma: "no tengo idea, no fui al colegio con San Martín, pero supongo que es algo que te pones encima". Tras ese breve análisis etimológico, también entra en juego otra cuestión: ¿Quién es el personaje con alma despechada y avejentada nivel "Max Berliner haciendo ejercicio en los Bosques de Palermo con una sobredosis de Reumosan" que usa esta frase tan elegante para echar culpas a doquier, como festejando Año Nuevo disparando tiros al aire, esperando que la persona a la que se quiere acusar ponga la cabeza, cual mártir, para obstruir la trayectoria de la bala?
Nunca falta la persona que postea en facebook su despecho porque otra no le respondió un whatsapp, anexando un verso de una canción de reggaeton (con símbolos musicales y repitiendo caracteres para que puedas ver como es el tema cantado) y una selfie de coté frente al espejo del baño o de espalda mirando el horizonte. El virus de los likes más los comentarios de sus "amigos" que durante el día no tuvieron chance de hacer una buena obra, entonces mientras calientan el agua para el mate o esperan el bondi, te ponen un "la gente está loca", "esas personas no valen la pena" o, en casos muy especiales, una frase dando a entender que, como ella y sus contactos son superiores moralmente al promedio de la gente, los demás los hieren a propósito por envidia. Un "me gusta" (que para el que lo regala es una forma más que sencilla de quedar bien con el otro sin tener que ponerse a lee ni analizar demasiado lo que sea que haya puesto) reafirma el ego de estos androides, que en su algoritmo, un like es equivalente a un voto electoral. Mientras tanto, en otros lugares del mundo un viaje al supermercado puede terminar con un descuento del 100% en ráfagas de plomo o que unos gusanos que se acumulan abajo del tronco viejo de un árbol sean como degustar un plato de fideos con tinta de calamar. Estas mismas personas permeables a las emociones, especialmente las vengativas, suelen ser las que se aventuran más tarde en países del tercer mundo para comer esos mismos gusanos o sentir la tensión de estar en una nación en conflicto, sin ningún tipo de empatía por la situación de sus habitantes y celebrando la oportunidad de vivenciar su cultura. En su estado más careta, postean fotos para mostrar que tienen corazón, con gente pobre o casas que se caen a pedazos. Atentos al momento en que se metan en el concepto de "pobreza digna", es su marca de agua.
A esa gente que le faltó algún abrazo o que sigue triste porque se habían portado bien en su infancia, pero Papa Noel nunca le trajo el Atari, y décadas más tardes (y gracias a la tecnología de las redes sociales) empapelan cualquier muro virtual con sus boludeces devenidas a hechos catastróficos por su hipersensibilidad respecto de todos los acontecimientos que le ocurren. Se podría decir que son "albinos fácticos": cualquier acontecimiento por menor que sea puede causarles que su sensibilidad a sobrepasar los problemas mundanos, los desequilibre. La falta de melanina de los albinos, en este caso, sería una escasez de inteligencia emocional o del proceso madurativo para achacar el contraproducente efecto de las vivencias del día a día. Una oración que pueda interpretarse mal o un descuido en la utilización de los sinónimos puede armar una batahola digna de una película bélica. Si no tienen ganas de ir a algún lado y empiezan a poner excusas pedorras y vos dejás entrever que sus argumentos son chotos, estás enfrentándote al tercer Reich. Vas a tener un curso intensivo sobre los efectos casi mortales del dolor cervical, la tos de pecho y las altas posibilidades de un ataque cardíaco o de la falta de respeto del organizador en no haber facilitado en un 100% la logística para que las personas que no están en condiciones de ir, como ellos, lo puedan hacer. En su versión más acérrima (lo que sería el conocido "yo en la dictadura andaba tranquila por la calle" para las viejas de Barrio Parque) dirían: "si hubiera querido que vaya, se habría esforzado más para que yo pueda llegar". En todos los casos querés boicotearlos, sos una persona tóxica, y no los entendés porque son diferentes y están por fuera de las normas de la sociedad pacata, de la cual vos sos prisionero.
Se distinguen por la pasión con la que manejan sus relaciones románticas, de amistad y familiares. No devolver un llamado o un mensaje es como picar con un palo a Bruce Banner entre las costillas. La gente que los rodea vive en un estado de tensión, como cuando empiezan a rajar gente y te suena el interno cinco minutos antes de irte a tu casa. Sus vidas parecen la saga de "Duro de Matar", a dónde van siempre atraen el quilombo. Los invitás a un asado y con un comentario podés terminar en una situación tan tensa como la de una toma de rehenes.
Otro detalle importante es la magnitud en la que dan. Ellos no cuantifican su dadivosidad, asumen una entrega de cariño y amistad de 24 horas al día, 365 días al año. Esto significa que si te regalan un chocolate, te pagan una vez el subte o te acompañan hasta el supermercado puede significar que mañana te pidan un riñón enrostrando la cantidad de veces que dejaron la vida por vos. En sus peores versiones echan en cara cosas que vos le hiciste como favor. Si los acompañás al doctor y te encontrás cinco pesos, en los anales de la historia pasa a ser "la vez que gracias a que te invitó a que lo acompañes al médico, te encontraste plata"...cagaste! ahora estás obligado a ir con él cada vez que le tengan que hacer un tacto rectal. Si te dice "traigo suerte como la chiqui" está más que justificado algún golpe de puño. Lo peor: que te pida una luca aduciendo que el te dejó agarrar el billete de la calle y no te pidió nada a cambio.
De las personas más justas del planeta, éstas son las menos representativas. Si no les toca de cerca suelen ser muy abiertos de mente. Son garantistas, dicen mucho "carpe diem" y hablan de respetar al prójimo. Te olvidás de devolverle un lapicera y en su imaginario te ametrallan constantemente cada vez que te ven anotando algo. Hasta que te mueras, si comentás que te olvidaste algo, estás pidiéndole al Hombre Antorcha que te arregle una pérdida de gas. Convivís con el miedo de recordarles con alguna frase cualquier de las veces que los dejaste en banda o los defraudaste. Terminás en una especie de relación de casados donde no podés hablar de otra cosa que no sea el clima o la sensación de inseguridad.
A cuidarse chicos, en este momento pueden estar siendo víctimas de los fanáticos de mandarte a ponerte el sayo, sin saberlo, y al igual que toda enfermedad, es mejor prevenir que curar.

¡Hasta las balas siempre!